Glorietas: ¿circulamos correctamente?

Las primeras glorietas aparecieron antes de la generalización del automóvil. Existe controversia sobre su origen: por una parte, se atribuye a ingenieros ingleses la creación de una intersección con circulación giratoria en un único sentido, siendo William Phelps Eno quien diseñó en 1903 un sistema de circulación giratoria alrededor del Columbus Circle, en New Cork; y por otra, Eugéne Hènard, arquitecto y urbanista francés, diseñó y proyectó las primeras glorietas urbanas en los primeros años del siglo XX, que fueron construidas en París. La imagen siguiente es un proyecto de rotonda de Hènard para la intersección de los Grands Boulevards (1906).

Se da la posibilidad de que ambos urbanistas llegaran de forma independiente a la misma conclusión, aunque cada uno de ellos desarrolló sus propias matizaciones.

En España, las primeras glorietas se construyeron cuando la clase obrera y trabajadora tuvo acceso al automóvil, principalmente el SEAT 600. Fue a finales de los años ochenta cuando  comenzó a generalizarse la construcción de glorietas como elemento regulador del tráfico. Su éxito está basado en su eficacia, tanto desde el punto de vista de la capacidad circulatoria como del de la seguridad, especialmente en cruces viales de elevadas exigencias de seguridad.

Las glorietas son un tipo de intersección pensado para dar fluidez a la circulación y, a la vez, para que los conductores moderen su velocidad al llegar a éstas. A pesar de que circular por ellas no debería suponer dificultad alguna, los accidentes son relativamente frecuentes.

El Real Decreto Legislativo 339/1900, de 2 de marzo, por el que se aprueba el texto articulado de la Ley sobre tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial, define glorieta en su anexo número 79 como “un tipo especial de intersección caracterizado porque los tramos que en él confluyen se comunican a través de un anillo en el que se establece una circulación rotatoria alrededor de una isleta central”. Añade que “no son glorietas propiamente dichas las denominadas glorietas partidas en la que dos tramos, generalmente opuestos, se conectan directamente a través de una isleta central, por lo que el tráfico pasa de uno a otro y no lo rodea”.

El funcionamiento de la glorieta se basa en la prioridad de paso de los vehículos que circulan por el carril exterior. Por consiguiente, un conductor debe circular en el carril exterior antes de abandonar la glorieta.

Las estadísticas avalan la efectividad de las glorietas en cuanto a la reducción de los accidentes de tráfico -y de la gravedad de éstos- en este tipo de intersecciones. Su sencillez y versatilidad, puesto que permiten realizar incluso cambios de sentido, unidos a su bajo coste de mantenimiento -en comparación con las intersecciones reguladas por semáforos-, han permitido que se hayan generalizado en prácticamente la totalidad de carreteras españolas.

El siguiente gráfico, tomado del libro “Recomendaciones sobre glorietas”, editado por el Ministerio de Fomento, ilustra cómo las glorietas registran menos accidentes que las intersecciones reguladas por semáforos.

El paso de un vehículo por una glorieta obliga al conductor a reducir su velocidad y a observar las condiciones del tráfico, ya que elimina la jerarquía de paso de una carretera sobre las otras. Además, la señalización vertical que le precede proporciona la información necesaria para saber por qué salida se debe abandonar la glorieta para circular hacia el destino deseado.

No existe una normativa específica sobre cómo circular en glorietas. Esto es debido a que no son lugares por los que se deba circular de manera especial. Realmente, cuando abandonamos una rotonda, estamos realizando un cambio de dirección hacia la derecha. Es decir, abandonamos una vía para incorporarnos a otra que se encuentra a la derecha, lo cual se debe realizar desde el carril derecho.

Respecto al cambio de dirección, el Reglamento General de Circulación sí estipula claramente la manera de proceder en el artículo 75.1, relativo a la Ejecución de la maniobra de cambio de dirección. En éste se indica que para efectuar la maniobra de cambio de dirección a la derecha, el conductor “se ceñirá todo lo posible al borde derecho de la calzada (…). En cualquier caso, la colocación del vehículo en el lugar adecuado se efectuará con la necesaria antelación y la maniobra en el menor espacio y tiempo posibles”. Añade el artículo 75.2 que “las infracciones a las normas de este precepto tendrán la consideración de graves”.

Lo que esto significa es que la prioridad de paso pertenece al que circula por la derecha, es decir, por el carril exterior; por lo cual debemos situarnos en este carril para abandonar la intersección y señalizar la maniobra previamente con el intermitente correspondiente. Una vez dentro de la glorieta, los cambios de carril se deben efectuar conforme a la regla general, es decir, respetando la prioridad del vehículo que circula por un carril frente a quienes pretendan ocuparlo. Si lo que pretendemos es entrar en la glorieta, lo primero que se debe hacer es respetar la prioridad de quien se encuentre circulando ya por el interior de la glorieta.

httpv://www.youtube.com/watch?v=ILjtJ4hUHag

En Inpenor, el conocimiento del Reglamento General de Circulación viene dado por nuestra formación como conductores y nuestro trabajo diario. Hemos intervenido en innumerables casos en los que la ignorancia sobre la prioridad de paso o una actuación negligente a sabiendas de la normativa existente, han causado una colisión, bien sea en rotondas o en cruces.

Conocer la normativa es fundamental para los que pretenden dedicarse a la reconstrucción de accidentes de tráfico pues será de donde parta el perito reconstructor para establecer qué ocurrió y por qué.

Después de leer esto, ¿sabes ya si circulabas correctamente por las glorietas hasta ahora?

Carlos Castillo

Inpenor

A Coruña 2013